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PUM!

detonadores para la música de aquí y ahora

Púm! es la traducción de Bang!, onomatopeya utilizada para nombrar un tipo de mensaje dentro de los lenguajes visuales de programación por flujos creados por Miller Puckette a fines del siglo XX. (max y pd, replicándose luego a otros lenguajes como Quartz Composer, vvvv y otros).

Bang es a la programación lo que el concepto nota significó al sonido, la capacidad de organizar temporalmente la acción de n códigos encapsulados en objetos lógicos cuyas entradas y salidas pueden ser intercambiables y apilables.

pum!

detonadores para la música de aquí y ahora

El mundo se orienta hacia la inversión sostenible. El abandono de los planes a corto plazo, propio de los ciclos del capitalismo que evidencia que luego de tres o cuatro generaciones los derechos a herencia y subsistencia se anulan mutuamente da lugar a la observación de ciclos extendidos que trascienden la perspectiva de una única vida humana.

Como un rallentando de la acción colectiva, tal vez por primera vez reflejado en obras tales como ORGAN/ASLSP de John Cage, ante la cual las ahora grandes extensiones de Feldman funcionarían como duraciones mínimas.

Los cambios en las formas de la percepción del tiempo han jugado en diferentes eras con toda la tecnología de la representación de la realidad.

Supongamos que la piedra basal de este edificio sea la representación del yo, del propio sujeto.

El pathos del infinito agustiniano, esa conciencia de tiempo propia del modernismo , definido por un lado por la melancolía de lo antiguo y la amnesia de lo moderno, definido como el deseo infinito, la nivelación de todos los ahoras en la comilona antofágica, construye un sujeto de una dialéctica existencial interior. De este diálogo tautológico surge la individuación.

Pero como el vehículo para esta acción es un lenguaje, sabemos que la creación de un lenguaje siempre implica la figura de un Otro, sea este el Dios del absurdo kierkegaardquiano, o el dialéctico de la contradicción interna, o el espejo objetivante de Lacan.

Cuando ocurre, ¿Será su vastedad polisémica lo que hace a la acción musical el instante de la realidad dilusoria?. ¿Puede un concierto (a la manera de los juegos artísticos de Mathias Fuchs o las masas en movimiento de Tino Sehgal) ser el momento de la modificación irreal?

La conclusión del desarrollo sostenible es muy simple: satisfacer la necesidad de la generación actual sin comprometer la necesidad de la generación futura.

Esta visión del futuro condicionado por una medida energética, implica como todo conteo, cierto sistema moral y un orden que le corresponde. Una alteración en el concepto de futuro y del contexto o ecosistema en el cual este se desarrolla. Y la condición, una geometrización del concepto “libertad”.

En el pensamiento musical, este axioma no es novedoso, los problemas entre forma y contenido han rodeado circularmente la historia de la música y del arte en general. A veces, cuando los contenidos desbordan las formas, develan la semilla de una nueva generación. Hoy, esa forma de desborde es nuestro planeta, y el contenido nosotros mismos. Ya no añoramos viajar a la luna, sino ser capaces por nuestros medios de “hágalo usted mismo” enviar nuestros teléfonos, cohetes caseros y hasta nuestras ojotas al espacio exterior.

La naturaleza ha servido como modelo en toda extensión de la percepción a la materia. Que otra cosa podemos llamar como tecnología a esta operación en principio mimética y luego genética.

El impulso de intelectuales que prefiguran los usos actuales, tienen como denominador común un campo de terreno peculiar, el jardín renacentista y barroco. Este jardín, mímesis del paraiso, creación intelectual y sensible al mismo tiempo puede rastrearse ya en Miltón y sus “aguas murmurantes” [Milton ,1667] o en Salomon de Caus y su órgano de Tívoli, de los primeros en corporeizar estos deseos. Ingeniero, paisajista y astrólogo diseña la mayoría de los instrumentos eólicos y muy probablemente, haya inventado así la máquina de vapor. A partir de Caus, Bacon escribe sus casas sonoras en su “Nueva Atlántida” y Athanasius Kircher construye sendos artilugios sonoros tales como el Phonurgia nova, especia de arpa eólica [Dreherr 1673] además de la maquina jesuítica.

La mutación de los modelos de la naturaleza, tan cambiante como las generaciones que la interpretan ha sido moldeado a la par de la invención de nuevas herramientas de medición . El descubrimiento del tiempo profundo, el hecho de que las formaciones rocosas evidencian una escala de evolución terraquea muchísimo mayor a los 6000 años bíblicos es una de ellas. Al cambiar la escala de observación, otrora la especie humana que solo conoce la transición entre estaciones y algún desastre natural aislado, abandona las teorías catastróficas (al igual que las creacionistas) y se hunde el mundo natural en una evolución lenta, transitiva e imperceptible.

Hace cien mil años se oyó por primera vez el crepitar del fuego, hace tres segundos escribí la palabra fuego.

En la escena psicológica, la compañía del Otro en el cogito cartesiano, en la conciencia del yo, llevó a ciencias como la psicología social, a generar novedosas estructuras para explicar los grupos humanos. Al mismo tiempo la formalización de los sistemas dinámicos nos han permitido comprender a los sistemas físicos que evolucionan con el tiempo [Poincaré, 1892]

¿Que queda allí del genio decimonónico, en su subjetividad máxima? ¿Que de la hormiga solitaria?, la recepción de estas ideas debidas a la proliferación de internet a principios del siglo XXI, y los institutos de las ciencias de la complejidad, aun guardan un enorme potencial de aplicación en todos los órdenes del comportamiento humano.

Dichas comunidades (las hormigas, el musgo) tienen características claves, se auto-organizan, son adaptativos, no están diseñados o compuestos, descubren nuevos senderos del modo mas económico posible, marcan el camino con feromonas, y saben que se debe hacer cuando se elige un nuevo sendero.

Con mucha frecuencia, cada vez que una nueva técnica traspasa la curva del ridículo en la sociedad occidental, su aparición llega acompañada de los alarmados gritos de los protectores de la tradición: este fue el caso del cine como lo fue también del libro. Y probablemente hace miles de años se haya discutido sobre la degradación que suponía la introducción de las tablillas de cera, cuando las planchas de mármol eran claramente mejores.

A la luz de esta ausencia de voluntad aparente en los sistemas dinámicos, cabe preguntarse ¿donde está la frontera entre las acciones compositivas de la voluntad y el inconsciente, sea unitario o colectivo?,

En la interacción entre gen y experiencia, entre circuitos cerrados y la percepción del entorno, entre lo dado y lo adaptativo, las fuerzas intervinientes vuelven a ser azar y voluntad.

En el azar, las condiciones del entorno moldean ese otro azar de nuestra propia generación como ser el encuentro de nuestros progenitores y nuestra condición de proliferación, y entre la voluntad, la cualidad humana de inscribirse en la historia, de desarrollar narrativas que nos conducen. Desde la conciencia, cualquier pretensión política de un discurso artístico resultará falaz, por ser su materia mucho mas cercana a la lejanía que a la propaganda. La complejidad de la materia artística se nutre mucho mas de la inconsciencia del res extensa en oposición a la razón del cógitans.

En la música, esta se refleja en uno de los pilares del pensamiento lógico-musical: la polifonía. Si reducimos su estudio al fenómeno mas básico, el eco, como el espejo, construye una otredad sonora que se traslada al espacio y lo convierte en un tiempo poroso donde puede escucharse el pasado como algo estático.

Memoria del espacio, futuro construido a partir de la asignación de valor. Azar y voluntad, respectivos a la misma diferencia que existe entre emoción y sentimiento. Si puede notarse un rasgo sobresaliente en la actitud de los compositores actuales este sería el abandono de la solemnidad. La geometría conectiva nos exime de héroes huérfanos a la vez que convierte al pasado en vulnerable, se recupera la capacidad vital de los enunciados dinámicos. Las verdades se transfiguran en el reflejo de su entorno. Mutan en el espacio-tiempo. Parodia e historia se confunden en el achatamiento del presente. Nacidos al fuego de la canción, ( aun aquella que sigue sonando a jingle o que construye su canon estilístico a partir de los cambios de vestuario), anhelamos la energía de su génesis, canere y -tio, acción y efecto. Música como acción, como el encantamiento que produce patrones distintivos desde los mecanismos innatos y los aprendidos.

La obra ha dejado de ser un documento comprobatorio donde se afirma cual catálogo que se dominan las habilidades del standard cultural. Se libera de la recapitulación restaurativa de lo suficientemente probado. Pero esta operación sobre el sustrato referencial no ocurre por ignorancia de la tradición sino por su opuesto. La saturación de información ha dado paso al arte del saber borrar como valor legitimador en si mismo. Pero ya sin la carga solemne de la cantidad de austeridad. En la contención estética, mas cercana a la pulcritud marcial que a la sobriedad carismática de Adolf Loos [Loos 1908], se encuentran dos direcciones morales, la pretensión por imposición, como el corte abrupto del contexto y la práctica del rechazo como virtud ética. Es el reino de lo subrepticio. Pero en si, es otro modo del barroco, un barroco invisible.

Desde allí se ve a lo numérico mas que como acción concreta, como una portadora de síntomas temporizantes, como ser el desastre inminente y el progreso infinito.

Mejor, pensemos musicalmente al microprocesador. A principios del 2000, un transistor es la décima parte de un glóbulo rojo. Construido por dos principios: la composición flexible y materialidad latente. El procesador esta hecho para no importa que aplicación, correctamente debería ser utilizado al 30% de su capacidad, como la mente humana , la economía de recursos se encuentra en el encapsulamiento de objetos lógicos. Es una economía de la saturación infinitesimal. A mas cantidad, mas pequeño y menos consumidor de energía. Aunque su actividad de uso sea ínfima.

Estas calles de Buenos Aires, hechas de óxido y dejadez, donde a través de las eternas grietas crecen jóvenes yuyos que miran al cielo, el jilguero torna la hora de su canto, la luna se transforma en menguante, y todo indica la muerte de una temporada anunciando al mismo tiempo la llegada de la próxima.

Como esos cantos, la nostalgia se trastoca en indicio y fe, la certeza de lo que se espera.

En nuestra consciencia y alma de argentinos deberíamos seguir suponiendo que todos los elementos de la naturaleza aun los mas pequeños forman parte del grito de los Dioses. Y protegerlos con el corazón. Por nuestro Otro que escucha sentimos el deseo de revivir y resucitar aquellos paisajes de vibraciones que han sido callados.

Para aportar su naturaleza al concierto y procurar a la vez ofrecer la fuerza de cada tiempo. Su estructura deberá ser completada con materiales cuyo aroma, timbre y textura interna evoquen nuestra versión del espacio-tiempo. Dejarnos caer sobre su hechizo. Absorber el espíritu que brota a través de la velocidad. Ningún otro sentimiento ha sido nombrado para ser sentido por primera vez como aquí, ya que no es posible el ir mas allá de lo que la naturaleza ha creado. Tal como que un ser humano no puede superar a la naturaleza, un músico no puede superar a los materiales.



referencias

  • Milton, John, “Paradise Lost. A poem in ten books.” Londres, Samuel Simmons, 1667; 2.ª ed. revis. y aument.
  • Kircher, Athanasius, “Phonurgia nova, sive conjugium mechanico-physicum artis et naturæ paranympha phonosophia concinnatum”. Kempten, Rudolphum Dreherr, 1673, p. 144.
  • Caus, Salomon de, “Hortus Palatinus a Friderico rege Boemiae electore Palatino Heidelbergae exstructus”. Fráncfort, Johann-Theodor de Bry, 1620
  • Loos, Adolf , “Ornamento y Delito”, 1908. http://hasxx.blogspot.com.ar/2012/03/adolf-loos-ornamento-y-delito-1908.html [ último acceso agosto, 2012]
  • Poincaré, Henri, “Les méthodes nouvelles de la mécanique céleste
    “. Gauthier-Villars et fils, 1892, Paris.